Sesión 6. Educación interprofesionalLa sesión se inicia con una comunicación sobre la evaluación comparativa de los conocimientos sobre soporte vital avanzado entre los estudiantes de enfermería y medicina al final de sus estudios. Las ponencias en sí de la sesión son Leire Arbea, Saloa Unanue y Virginia La Rosa, que analizan diversos aspectos y beneficios de la formación interprofesional, siguiendo su experiencia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra (ver
https://doi.org/10.1016/j.edumed.2020.07.001) .
Necesidad de una red de unidades de Educación Médica.Beatriz Gal moderó esta sesión junto a Montserrat Virumbrales y Silvia Llorens. La presentación aborda la necesidad de crear una red nacional de unidades de educación médica. Desde 2005, se ha destacado la importancia de estas unidades para responder a las demandas sociales y sanitarias, fortaleciendo la formación, la investigación basada en evidencia y la gestión académica en las facultades de medicina. Se realizó una encuesta nacional para conocer la situación actual de estas unidades. De 52 facultades de medicina, 40 respondieron, y el 57% confirmó tener una unidad o equivalente. La mayoría dependen de los equipos decanales, mientras que pocas están subordinadas al rectorado. El tamaño de las unidades varía ampliamente, con una media de 5,2 personas por unidad, pero solo 1,3 personas están dedicadas exclusivamente a esta función. En cuanto a su funcionamiento, solo el 30% tiene reuniones periódicas; otras operan a demanda o no se reúnen regularmente. Las actividades principales incluyen formación docente, planificación curricular y evaluación de la calidad educativa. Sin embargo, la gestión académica, que podría aliviar cargas administrativas, recibe menor atención. Se resaltó la
Declaración de Málaga de 2022, que destaca la importancia de una visión unitaria en formación e investigación médica. Basándose en este marco, se propuso una red colaborativa para fortalecer las unidades existentes y apoyar a las que están en desarrollo. Sus funciones clave incluirían la formación de docentes, la evaluación de calidad y el fomento de la investigación educativa. Un desafío importante es el escaso reconocimiento institucional de estas unidades, que suelen ser vistas como meramente administrativas. La red buscaría reforzar su estatus esencial y fomentar colaboraciones mediante la teoría de grafos, que permite mapear y analizar conexiones entre facultades. Las métricas clave incluirían centralidad, densidad, modularidad y conectividad para identificar nodos influyentes y mejorar la interacción. La red también consideraría la formación de grupos colaborativos especializados y utilizaría herramientas gráficas para visualizar las conexiones. Además, se establecerían revisiones periódicas para evaluar la eficacia de la red y ajustar estrategias. En conclusión, la red nacional de unidades de educación médica busca mejorar la cohesión, colaboración y eficacia en la educación médica, fortaleciendo la innovación y el impacto académico a nivel nacional. La presentación finalizó invitando a los asistentes a enriquecer la propuesta con sus aportaciones y a co-crear una red funcional.
Conferencia de clausura. La formación médica en tiempos complejos: Una oportunidad. Jesús Morán Barrios.
Jesús Morán resume su carrera en formación médica, nefrología y dirección docente e investigadora y habla de la necesidad de abordar la complejidad actual más allá de crisis puntuales. Considera el contexto familiar, social e individual del paciente, destacando el impacto de la soledad y su relevancia en la formación. Propone una estrategia compartida entre los sistemas educativo y sanitario para formar profesionales confiables. Identifica problemas económicos, sociales, inequidades y una crisis de valores democráticos como desafíos actuales. Destaca
nueve transiciones sociales clave: envejecimiento, cronicidad, sostenibilidad económica, tecnología, equidad y valor público, entre otras. Subraya la importancia de la colaboración intersectorial para superar retos educativos y sanitarios, aprendiendo de la pandemia. Propone
competencias esenciales en áreas como seguridad del paciente, comunicación clínica, trabajo en equipo y gestión de recursos finitos. Critica la falta de integración de estrategias de seguridad en formación y prácticas hospitalarias, y resalta la necesidad de equilibrar efectividad diagnóstica y terapéutica con sostenibilidad. Advierte sobre el uso desmedido de tecnología en salud y su impacto ético en sistemas públicos limitados. Anima a preparar a los estudiantes para tratar la cronicidad, dependencia y demencia en un contexto de envejecimiento poblacional. Aboga por la eficiencia y la eliminación de prácticas ineficientes, como sobrediagnósticos y hospitalizaciones innecesarias. Sugiere que el
profesionalismo guíe tanto la práctica como la educación sanitaria, promoviendo el compromiso con los sistemas públicos. Resalta la importancia ética del valor de lo público, evidenciada durante la pandemia, para consolidar cohesión social. Insta a incluir reflexiones sobre sostenibilidad en los currículos médicos. Aborda el rol de la inteligencia artificial, basada en datos, y su potencial ético en el ámbito sanitario. Llama a integrar la valoración geriátrica integral en la formación médica básica y especializada. Promueve incluir valores éticos desde las aulas hasta la práctica profesional, con un horizonte común entre educación y salud enfocado en las necesidades reales. Relata la implementación de un modelo de competencias en un hospital, promoviendo un lenguaje docente coherente. Cuestiona el bienestar absoluto como definición de salud, proponiendo un enfoque basado en la autogestión. Concluye que el profesionalismo debe ser el núcleo que una educación y salud, facilitando la construcción de profesionales éticos y confiables.